Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Corona d'Aragó. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Corona d'Aragó. Mostrar tots els missatges

El papado aviñonés y la Corona de Aragón en la época anterior al Gran Cisma: aspectos de una fiscalidad en auge

Autor convidat
Esther Tello Hernández
Institució Milà i Fontanals - CSIC Barcelona

Ya en el transcurso del siglo XIII, Roma se había convertido en una ciudad poco segura y nada cómoda para los papas. Las interminables luchas entre familias nobles como los Colonna, Orsini, Caetani…, y la cada vez más evidente influencia francesa, hicieron que los pontífices y su corte residiesen fuera de esta urbe durante largos periodos de tiempo. Así, fundamentalmente Viterbo u Orvieto habían sido lugar de descanso y trabajo de la curia papal.

Palacio de los Papas (Aviñón)

Aproximadamente, entre 1309 y 1377 Aviñón fue la sede del papa. A esta etapa se le conoce como la época del papado aviñonense y ha sido objeto durante mucho tiempo de numerosos mitos y leyendas, tal y como muestra el hecho de que durante mucho tiempo se acuñó para este periodo el calificativo de cautividad de Babilonia. Con todo, la historiografía ha demostrado que si bien el centro de la cristiandad se trasladó a esta ciudad francesa, ello no ralentizó el desarrollo de la curia romana. Todo lo contrario, en este periodo encontramos un momento decisivo en el proceso de centralización administrativa de la curia en general y de su aparato financiero en particular (THEIS, 2010).


Lista de los papas de Aviñón. Capilla de san Marcial. Palacio de los papas. Aviñón

Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, fue elegido papa en 1305, adoptando el nombre de Clemente V. Fue coronado en Vienne de camino a Roma, pero tras errar unos años, en 1309 se asentó en Aviñón, donde permaneció la sede oficial de los siete papas de origen francés hasta 1378. Enclave geográfico fundamental en el valle del Ródano, Aviñón fue considerado por muchos como verdadero centro geográfico de la cristiandad. Por lo que aquí interesa, desde un primer momento, el periodo aviñonés supuso la multiplicación de beneficios eclesiásticos y el surgimiento de nuevos impuestos, germen de una maquinaria fiscal que ya estaba en marcha. Con el pontificado de Juan XXII (1316-1334) se consolidó la tendencia centralizadora de la Curia romana, reforzándose asimismo el sistema fiscal pontificio (MORELLÓ, 2009).

La Cámara Apostólica, definida como la superintendencia financiera de la Iglesia, centralizaba los ingresos de los diferentes territorios de la cristiandad, divididos en colectorías. Tal y como nos muestra la obra clásica de N. del Re, la Cámara estaba regida por el Camarero, de quien dependía el tesorero y demás oficiales de un complejo aparto administrativo (del RE, 1952). Desde el punto de vista fiscal, conviene destacar aquellos impuestos o tasas que se percibían a través de los funcionarios que operaban en los distintos territorios, y proporcionaban unos ingresos más o menos fijos y previsibles para las arcas del papa; aunque variaron notablemente según lugares y épocas. Así podemos encontrar las anatas, rentas del primer año de un nuevo beneficio otorgado por el papa; la reserva de procuraciones o visitaciones, en concepto de hospitalidad y hospedaje; los derechos de expolios o las sedes vacantes de beneficios, cuando un titular abandonaba su cargo hasta el nombramiento de uno nuevo, etc. (LEVILLAIN, 1994). Según los cálculos de autores como Y. Renouard, los ingresos del papado se situaban por detrás de lo recaudado por la monarquía francesa o inglesa, pese a lo cual se encontraban entre una de las rentas más altas de los soberanos europeos (RENOUARD, 1941).

Organización administrativa de la Curia Pontificia (s. XIV): La Cámara Apostólica (según BUSQUETA I RIU, J.J.; MARTÍNEZ I RODRÍGUEZ, C., "L'acció dels recaptadors pontificis a Sant Andreu de Palomar (1348): Aplicació de mètodes gràfics per al seu estudi", en Finestrelles, nº4 (1992), pp. 19-46, p. 20.)

Por el hecho de ser uno de los impuestos que mayores posibilidades de estudio tienen, así como por mostrarnos la relación entre papado y monarquía, nos referiremos a continuación a la décima pontificia y a su percepción en la Corona de Aragón durante el reinado de Pedro el Ceremonioso (1336- 1387).

Este impuesto extraordinario se gravaba teóricamente con el 10% de las rentas anuales de los beneficios eclesiásticos. Se generalizó en 1274 en el II Concilio de Lyon con el fin de financiar las cruzadas a Tierra Santa, aunque nos podríamos incluso retrotraer al siglo XII con la promulgación del llamado diezmo Saladino (MARDIERE; CHEVREAU, 2012). Con todo, según numerosos autores, la décima fue una de las imposiciones más gravosas de la clerecía bajomedieval en el occidente europeo en general y en la Corona de Aragón en particular. A lo largo del siglo XIV y sobre todo desde la segunda mitad del mismo, observamos cómo este impuesto pasó a ser recaudado de forma regular y con un destino final que distaba de su función primigenia, al servicio de la monarquía. Normalmente los beneficios de la décima se repartían entre el papado y la Corona, siguiendo el esquema general de 1/3 para la Cámara Apostólica y 2/3 para el monarca, aunque esto dependía de lo establecido en la bula de promulgación de cada una de ellas. En el caso de la Corona de Aragón, durante la segunda mitad del siglo XIV, se destinaron a una empresa bélica fundamental: Cerdeña.

Conviene recordar que los reinos de Cerdeña y Córcega habían sido entregados en feudo al rey Jaime II por el papa Bonifacio VIII, con el fin de solucionar los conflictos existentes entre la dinastía de los Anjou y la Corona en el reino de Sicilia. La isla estaba dividida en juzgados y en ella tenían gran influencia los ducados de Pisa y Génova. Entre 1323 y 1326 finalizó la ocupación pisana de la isla y se incorporó oficialmente Cerdeña a los dominios del Ceremonioso.

Mapa de la Corona de Aragón a mediados del siglo XIV (MONSALVO ANTÓN, J.M., Atlas Histórico de la España Medieval, Barcelona, 2010.p. 243)

Con todo, las revueltas sardas y las tensiones territoriales hicieron que la isla fuese una preocupación fundamental para la corte aragonesa durante más de 30 años. Desde la segunda mitad del siglo XIV y con las rebeliones del juez Mariano IV de Arborea, el enorme gasto causado por Cerdeña exigió también la rápida recaudación de grandes cantidades de dinero (SÁNCHEZ, 2005). A la situación de la isla, además había que sumar el difícil momento por el que se pasaba en relación al reino de Mallorca. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIV, Pedro el Ceremonioso buscó reincorporar dicho reino a la Corona. Así lo hizo en 1343, pero las tropas del infante Jaime de Mallorca se rebelaron y asediaron numerosos lugares del norte del principado, siendo especialmente virulentos los ataques de los años 1373 y 1374, coincidiendo con un periodo de pestes y carestías que afectaron a todo el occidente mediterráneo. Todo ello sin olvidar que la guerra de los Dos Pedros con Castilla (1356-1369) había finalizado hacía poco tiempo, dejando la Corona en una situación bastante delicada.

Ante este panorama, huelga decir que las arcas regias estaban exhaustas y necesitadas de dinero, y con unos ingresos insuficientes y un gasto cada vez más elevado, resulta comprensible que se acelerara la petición de ayudas extraordinarias por parte de la monarquía a los territorios de la Corona, solapándose unas con otras desde mediados del siglo XIV (SÁNCHEZ, 2009).

Estas demandas continuas y la elevada presión fiscal ponen de manifiesto, por tanto, que los recursos financieros y materiales de los que disponía el rey eran insuficientes. Paralelamente se observa que los canales de recaudación eran lentos y que la monarquía necesitaba obtener el dinero de un modo más rápido. Por ello se recurrió al préstamo de financieros privados que demostraron ser capaces de movilizar rápidamente grandes sumas a cuenta de la posterior recaudación de los donativos.

Imagen de Gregorio XI. Basílica de san Pablo extramuros. Roma

En este contexto se produce por tanto la concesión de las décimas al rey Pedro el Ceremonioso del periodo aquí expuesto. Recordemos, que cuando el papa Gregorio XI llegó al pontificado en 1370, la situación financiera de la curia era también muy delicada. Los ingresos ordinarios se mostraban insuficientes para financiar las políticas de envergadura europea, tras los gastos de la guerra del cardenal Albornoz en Italia, los embistes las monarquías francesas e inglesas y la guerra de los Cien Años. Pese a todo, como decíamos, conviene recordar que Cerdeña era feudo de la Santa Sede y, por tanto, asunto de importancia en Aviñón y un punto de encuentro entre la monarquía aragonesa y el papado.


Lista de las décimas pontificias concedidas al Ceremonioso durante el pontificado de Gregorio XI (1370-1378)

En consecuencia, el estudio de las décimas nos permite conocer las transferencias a las arcas reales de este impuesto de origen pontificio, que se situó al servicio de la monarquía. Además, desde el momento de concesión de una décima, se ponía en marcha un aparato administrativo donde intervenían miembros del clero así como funcionarios de la corte; como porteros y comisarios reales, que participaban en la recaudación e incluso en la propia gestión del impuesto.

Así, el papa nombraba a un colector general para toda la Corona de Aragón, que en la época anterior al Cisma, estaba formada por los siguientes Obispados: por un lado, la provincia Tarraconense compuesta por Tarragona, Girona, Barcelona, Vic, Urgell, Tortosa, Lleida y Valencia; por otro lado, la de Zaragoza, formada por Huesca, Zaragoza, Tarazona y Segorbe-Albarracín. Por último, encontramos el obispado de Elna que pertenecía a la provincia de Narbona, y el de Mallorca que era feudatario directo de la Santa Sede. En suma, este personaje se puede definir como un oficial local que mantenía una parte de la administración pontificia en los reinos cristianos (LE ROUX, 2000), aunque sus funciones aún están por definir de un modo más esclarecedor.

Obispados de la Corona de Aragón a mediados del siglo XIV

A lo anteriormente señalado, en cada obispado el colector general designaba a uno o varios subcolectores. Estos cargos, si bien no pueden ser considerados como elites de la jerarquía eclesiástica, llevaban pareja una responsabilidad destacada. La mayoría eran canónigos diocesanos y su labor consistía en cobrar las cantidades recaudadas de los beneficios gravados por la décima.

Una vez percibida la colecta, resulta de enorme interés observar la gestión de los ingresos y analizar cómo la mayor parte de lo recaudado se destinó a pagar a financieros barceloneses- así como a otras instituciones-, que prestaron dinero a la monarquía para la empresa sarda en el contexto arriba descrito.

Para concluir, conviene señalar, que cuando los ejercicios contables finalizaban se debía rendir cuentas al Maestre Racional, al menos de la parte referida a la monarquía. Como se ha indicado anteriormente, el resto de la décima se derivaba directamente a Aviñón, como ya se ha puesto de manifiesto para comienzos del siglo XV (MORELLÓ, 2009).

Todo esto sucede hasta 1377, momento en el cual Gregorio XI decidió retornar a Roma. Así, dejando en Aviñón siete cardenales, el pontífice se embarcó en Marsella rumbo a Roma. La llegada a la ciudad eterna se produjo el 17 de enero de 1377. El papa moría el 23 de marzo del año siguiente. Comenzaba así el Cisma de occidente y el llamado periodo de indiferencia de la Corona de Aragón que duró hasta la muerte del Ceremonioso, pero esto ya es otra historia.

Nota del Grup Harca: Aquest post és una col·laboració d’una autora convidada, a qui públicament agraïm el seu esforç.

Els valencians, des de quan són valencians?

Vicent Baydal
Per bé que sembla una pregunta cabdal per satisfer les demandes de la societat actual, la historiografia no havia oferit encara cap resposta concloent: des de quan els valencians, els habitants del territori valencià, són -es consideren- valencians? Cal pensar, en primer lloc, que el regne de València va ser fundat en 1238 per Jaume I d'Aragó, quan, l'endemà de la conquesta de la ciutat musulmana homònima, atorgà unes lleis particulars a un territori definit en aquell mateix règim jurídic. La decisió creà una nova entitat política, però, evidentment, els colonitzadors que poblaren les seues terres no se sentien valencians d'immediat, ja que hi arribaven amb unes altres consciències identitàries. Eren, majoritàriament, catalans i aragonesos, els gentilicis col·lectius dels quals sabem que estaven formats ja durant la segona meitat del segle XII (per al cas català, vegeu aquest article de Josep Maria Salrach). Amb tot, conforme avançà el temps, aquella nova societat instal·lada al regne de València desenvolupà una identitat pròpia, la valenciana, que integrava i englobava a tots els pobladors del territori, vingueren d'on vingueren. Ara bé, en quin moment concret nasqué eixa nova consciència col·lectiva? Fins el moment no en teníem una idea clara, si més no fruit d'una recerca específica. Únicament es coneixia una data post quam, a partir de la qual podíem certificar l'existència d'una identitat diferencial valenciana, tot seguint una cita del teòleg gironí Francesc Eiximenis, realitzada en 1383:
Ha volgut nostre senyor Déu que poble valencià sia poble special e elet entre los altres de tota Spanya, car, com sia vengut e eixit per la major partida de Catalunya e li sia al costat, emperò no es nomena poble català, ans, per special privilegi, ha propri nom propi e es nomena poble valencià.
Així les coses, donant per bona l'autenticitat del text -que ha estat discutida pel filòleg  Curt Wittlin, qui el considera de finals del segle XV-, aquesta sentència era la més antiga coneguda referent a la consciència col·lectiva valenciana. I, de fet, un altre filòleg, Antoni Ferrando, l'ha relacionat amb l'evolució del nom de la llengua catalana al regne de València, ja que tot just un poc després hi ha el primer esment concret a la llengua valenciana, realitzat en 1395 pel frare dominic Antoni Canals. Per tant, segons s'havia pogut suposar fins ara, es pensava que la identitat valenciana havia nascut en les darreres dècades del segle XIV, malgrat no haver-se fet cap estudi ad hoc sobre la qüestió. Ací, però, estem en disposició d'oferir noves dades que avancen considerablement el naixement de la consciència col·lectiva valenciana. Aquestes dades procedeixen de la meua pròpia tesi doctoral, que incloïa una anàlisi específica de l'evolució del gentilici territorial valencià entre els milers de documents de caire polític i fiscal observats durant el període que va de 1238 a 1367.

Primerament, el que hi destaca és que durant el primer segle d'història del regne, fins a la dècada de 1330, tota la documentació jurídica i parlamentària analitzada evita utilitzar cap mena de gentilici associat al territori valencià, bo i limitant-se a emprar expressions com regnicolis regni Valencie, incolarum regni Valencie o habitantium in regno Valencie. Això, a més, en un moment en què les convocatòries de Corts dels altres territoris de la Corona parlaven amb tota normalitat dels cathalani o dels aragonenses, tot palesant l'arrelament històric del seu gentilici col·lectiu. A terres valencianes, en canvi, encara no hi havia un nom comú que englobara a tots els seus habitants, com, per exemple, indica una carta tramesa pels jurats de València a Jaume II en 1326 en què l'informaven de l'enviament de missatgers dels prelats, richs hòmens, cavallers e generoses, axí catalans com aragoneses, d'una banda, i de les ciutats e viles [reials] del regne, d'una altra banda. Per tant, a aquelles alçades sembla que hi havia una consciència clara de catalanitat i aragonesitat entre els senyors laics i eclesiàstics, mentre que, per un altre costat, hi havia els nuclis urbans del rei, que potser estaven desenvolupant una identitat pròpia, la valenciana.

Això és ben probable a causa de l'intens i llarg conflicte que s'havia produït entre la major part d'aquelles ciutats i viles reials, defensores dels Furs de València, i la majoria nobiliària d'origen aragonés, partidària dels Furs d'Aragó. En concret, des que Jaume I declarara en 1261 que les lleis valencianes havien de ser les úniques observades en tot el territori valencià, els nobles i cavallers aragonesos es revoltaren, ja que no estaven disposats a renunciar a les seues pròpies lleis en els dominis que tenien dins del regne de València. Era, en el fons, una aferrissada lluita de poder, ja que les primeres garantien prerrogatives judicials, fiscals i d'ús dels recursos naturals per al rei i els seus vassalls, mentre que les segones les reservaven exclusivament als senyors. En conseqüència, la disputa per la validesa o la il·legalitat dels Furs d'Aragó al regne valencià s'allargà durant dècades: en 1264-1265 Jaume I hagué d'enfrontar-se militarment amb els nobles aragonesos per eixa raó, en 1271 aquests es negaren a resoldre les qüestions sobre el repartiment de terres en les Corts valencianes, en 1283 es rebel·laren de nou i fins a 1287 mantingueren una guerra oberta contra el monarca i els nuclis reials valencians -causant muytas tales e danyos en las huertas e en la ciudat de Valencia e de la villa de Murbiedro-, en 1289 es produïren magnas altercaciones entre els nobles aragonesos i els dirigents urbans valencians en les Corts Generals de Montsó, i, finalment, en 1290 s'arribà a un apaivagament de la qüestió, quan Alfons el Liberal reconegué a la noblesa d'origen aragonès el seu dret a emprar les lleis d'Aragó al territori valencià, sense haver de sotmetre's als Furs de València.

La solució, però, era provisional, ja que tampoc la ciutat i les viles reials estaven disposades a acatar l'ordre perpètuament i hi insistien en l'observança exclusiva de les lleis valencianes. Així, per exemple, en 1315 s'enfrontaren als nobles i cavallers aragonesos establint en els mercats urbans unes taxes que havien de pagar tots, incloent ells i els seus vassalls; i aprofitaren per retreure'ls la seua negativa a integrar-se en el regne, ja que no volien ésser ab les dites universitats en un fur, ço és, en fur de València, sots lo qual totes les dites universitats e regne és poblat. La realitat, però, era que una grandíssima part del territori, com es pot observar en el següent mapa, estava poblada a fur d'Aragó i aquella dura confrontació entre els partidaris d'una llei i d'una altra impedia arribar a consensos generals entre les elits dirigents del país. I això tenia el seu clar reflex en la consciència identitària, que, com hem vist, a l'alçada de 1326 diferenciava clarament entre els senyors, d'una banda, i les comunitats urbanes del rei, d'una altra banda. De fet, durant tot el primer terç del segle XIV només s'ha pogut localitzar una única utilització del gentilici col·lectiu, emprat en un document de Frederic II de Sicília destinat als valentini habitatores civitatis Valencie et non alii -els valencians habitants de la ciutat de València i no altres-, en què, a més a més, es feia un esment als fiadors mercantils valentinis seu catalanis. En tot cas, com que és l'única cita d'aquesta data i prové d'una cancelleria propera però "externa", cal considerar-la amb molta prevenció, ja que potser no reflectia la realitat valenciana "interna".


Senyorius poblats a fur aragonés al regne de València (1233-1304). Mapa confeccionat per Ferran Esquilache i Martí

No és fins a la fi del conflicte foral que trobem els primers usos interns del gentilici valencià, referit a tots els habitants del regne. En aquest sentit, sabem que l'acord definitiu i general sobre els furs arribà, després de diverses temptatives en 1321 i 1326,  en les Corts de 1329-1330. En concret, els Furs d'Aragó foren eliminats del regne, però, a canvi, es concedí als senyors una part important de les prerrogatives jurisdiccionals que aquells els garantien. Era una solució intermèdia, que repartia el poder entre els senyors, d'una banda, i el rei i els nuclis reials, d'una altra banda. En qualsevol cas, allò important pel que respecta a la consciència col·lectiva és que l'enfrontament entre uns i altres acabà definitivament i a partir d'aleshores començaren a dur-se a terme projectes col·lectius, que incloïen comunament als senyors i els nuclis reials, com ara la guerra contra el baró de Xèrica en 1336, la defensa del regne contra els benimerins en 1338, la lluita contra els musulmans en l'Estret de Gibraltar en 1340-1342 o la revolta de la Unió en 1347-1348. No debades, fins a la resolució de la disputa foral les Corts valencianes havien estat un espai controlat quasi exclusivament per la ciutat i les viles reials, ja que els senyors es negaven a assistir o bé acudien, però sense negociar políticament res ni atorgar cap donatiu al rei. A partir de les Corts de 1329-1330, en canvi, tot fou diferent, puix els senyors començaren a dur-hi propostes i aprovar el pagament de subsidis.

Així les coses, és precisament a partir d'aquesta època quan es troben els primers esments al gentilici territorial valencià. Primer en una carta de 1336 dirigida al baró de Xèrica, en què, davant la seua negativa d'anar a les Corts valencianes perquè es reivindicava exclusivament aragonés, Pere el Cerimoniós li recordà que els seus antecessors hi havien acudit sempre i havien fet todos actos de richos homnes e valençanos. Després trobem un document de 1340 en què el mateix rei recordava aquella reunió de Corts, que, segons deia, havia celebrat als valentinis. I aquestes dues cites coincideixen en el temps amb la primera menció coneguda sobre la manera particular de parlar dels valencians, referida a una dona, filla d'un ciutadà de València i nascuda a Oriola, la qual, segons un mallorquí de 1346, parlava valencianesch. Per tant, sembla que a partir de la dècada de 1330 començava a irrompre el gentilici territorial valencià i amb ell una identitat comuna per als habitants de tot el regne. Amb tot, cal tenir molt en compte que per aquelles dates encara és molt majoritari el recurs a d'altres expressions com ara regnicolis regni Valencie, incolarum regni Valencie, regnícoles e habitadors del regne de València, habitadors del regne de València o los del regno de Valencia


"Sabe de vista su hermano don Jayme e su padre don Jayme seyer citados a las ditas Cortes de Valencia e compareçer e seyer en ellas como richos homnes de Valencia e fazer todos actos de richo [ho]mnes e valençanos". Arxiu de la Corona d'Aragó, Cancelleria, reg. 1522, f. 51v (c. XI-1336)


"Nos, Petrus et cetera, licet olim in prima Curia quam celebravimus valentinis". Arxiu de la Corona d'Aragó, Cancelleria, reg. 869, f. 145rv (11-VI-1340)


Així les coses, sembla que no és fins a la dècada de 1350 que el gentilici territorial es consolida plenament, puix almenys a partir de 1354 es produeix una autèntica disparada del seu ús en la documentació escrita. Per exemple, aquell mateix any trobem un parell d’esments a un Parlament demanat als valencians i a les futures Corts que s’havien de celebrar als valentinis. I des de llavors les referències són constants, fins a 22 en 13 anys, com ara: el dit Parlament sia entengut als valencians, convoquets general Parlament als valencians, celebrets Parlament als valencians, celebràs Corts generals als valencians, les Corts que celebrats als valencians, demanar ajuda e secors als valencians, CCCC hòmens a cavall nos són stats atorgats per los valencians, ajuda als valencians per la guerra, que els dits valencians volenterosament se tornen a fer les cavalcades, o ab los valencians vos n’anets en regne de Múrcia. De fet, a partir d'aquella època -des de 1356- també s'han pogut localitzar les primeres cites que parlen juxtaposadament de cathalans i valencians, o d’aragonenses, cathalani et valentini, un fenomen que no s'observa anteriorment.


"Com siats en lo loch de Sent Matheu, on deien ésser per lo Parlament que havem manat en lo dit loch als valencians". Arxiu de la Corona d'Aragó, Cancelleria, reg. 1400, f. 12r (12-I-1354)


"Serà cap de les dites cavalcades, que ço que guanyarà e s'aurà de les dites cavalcades partesca en tal manera e don tal part a aquells del dit regne, que·ls dits valencians volenterosament se tornen a fer les cavalcades desús dites". Arxiu de la Corona d'Aragó, Cancelleria, reg. 1380, f. 38r (7-X-1356)


Tot plegat, doncs, podem concloure que el gentilici territorial valencià, i per tant la primera consciència col·lectiva valenciana, va nàixer en la dècada de 1330, vora mig segle abans del que es tenia constància fins ara, i, si més no, estava plenament consolidat en la de 1350. A més, segons hem explicat, sembla que va ser una identitat fortament vinculada a la defensa dels Furs de València en el context de la lluita contra els senyors que pretenien fer observar els Furs d'Aragó en el territori valencià. I, en consonància amb això, el gentilici valencià no s'estengué al conjunt d'habitants del regne fins que les lleis valencianes no s'aplicaren de forma única i exclusiva en tot el regne, un fet que s'aconseguí en les Corts de 1329-1330. 

Els codis jurídics de la Corona d'Aragó (I). Els Usatges de Barcelona

Vicent Royo
Com sabeu, el món de la investigació, com qualsevol altre aspecte de la vida, és capritxós. Fa uns mesos feia esport amb el meu company de fatigues per l’antic llit del Túria, el bon amic Frederic, i estava capficat en un article que m’havien encomanat. Un estudi seriós, d’un tema de rellevància i d’àmbit general, a nivell del regne de València o de la Corona d’Aragó, em digueren. Ben bé, un repte per a mi, perquè no m’havia enfrontat mai a la confecció d’un treball d’aquesta envergadura. Vivia esperonat per la il·lusió que això suposava, però no trobava eixe “tema de rellevància” que poguera estudiar en un “àmbit general” fins que... Al bell mig de la confusió, sota la humitat que impregna el riu les nits d’hivern, sorgí un petit raig de llum.
- No llegies l’altre dia alguna cosa sobre els arbitratges en el dret romà o no sé què?
- Sí, però no tenia ni cap ni peus. Era d’un historiador del dret molt bo en lleis, però que desconeix per complet la pràctica documental, i hi ha una diferència abismal entre...
- Ja ho tens! Els arbitratges en els Furs de València!
- No! Els arbitratges en els codis jurídics de la Corona d’Aragó!
El tapet ja estava sobre la taula, ara només calia començar la partida. I quina partida! A banda d’unes poques nocions molt generals adquirides en els anys d’estudi, el món de les lleis i la jurisprudència als segles medievals era un perfecte desconegut per a mi i aproximar-me a ell ha estat tota una experiència, força enriquidora. Sincerament, i sense voler ara magnificar la seua importància enlluernat pel treball que he realitzat, penso que tot medievalista deuria fer una ullada a les lleis pròpies de cada territori abans de començar la seua recerca. Hauria de ser la primera tasca, perquè allí hi ha bona part de les normes que regeixen la vida quotidiana dels homes que estudiem. La seua acció diària s’enquadra dins d’un marc legal que ells coneixien quasi a la perfecció i que, per contra, és ben desconegut per nosaltres. Com el nostre, el medieval és un món de lleis, notaris, jurisperits i advocats. Un món impregnat pels preceptes del dret romà, recuperat al segle XII i posat al servei de les monarquies per legitimar la seua supremacia en la piràmide feudal i consolidar el seu poder.

Vet ací les regles del joc, les cartes les triava jo i n’eren tres: els Usatges de Barcelona, els Fueros d’Aragó i els Furs de València. La finalitat, fer una aproximació a la recepció del dret romà a la Corona d’Aragó i veure el tractament que se’n fa de les mediacions de pau i els arbitratges en els distints cossos legals per analitzar la seua caracterització jurídica. El resultat, una definició del funcionament de la institució arbitral segons l’estipulen les lleis, per entendre millor la pràctica quotidiana. Això sí, en la mesura que ha estat possible he intentat apartar-me de les feixugues explicacions dels historiadors del dret i també de les minses aproximacions dels medievalistes per oferir una visió intermèdia, prenent la rigorositat dels primers i sense perdre la vivacitat en el discurs dels segons. Difícil feina, la veritat, però crec que ha pagat la pena fer l’esforç. Espero que dins d’uns mesos el text estiga ja publicat i disponible al nostre web. Per anar obrint boca, vos convido a fer un tast, i els entrants arriben de la mà del Usatges de Barcelona, el text de referència a Catalunya. Abans, però, caldrà fer un piscolabis amb la situació jurídica de la Corona d’Aragó al segle XIII.

Els Usatges de Barcelona, ACA, ms. de Ripoll, núm. 38., f. 1

Un dels pilars sobre els que s’assenta la construcció de l’estat a la Corona d’Aragó és el procés d’unificació jurídica que du a terme la monarquia, sobretot durant el regnat de Jaume I. Respectant sempre la pluralitat política i les particularitats de cada territori, el monarca implanta cossos legislatius d’aplicació general que assenten les bases del poder reial i doten l’Estat dels mecanismes de control pertinents. En conseqüència, a mitjan segle XIII es recopilen els tres codis jurídics que conformaran la base legislativa a Catalunya, el regne d’Aragó i el de València. Per fer-ho, Jaime I es rodeja d’un grup de juristes, com Ramon de Penyafort, Vidal de Canellas i Pere Albert, formats a la universitat de Bolonya, que redacten els codis, els donen forma i els doten de contingut, introduint els preceptes romano-canònics reformulats pels glossadors italians des de la segona meitat del segle XII. La seua confecció i posterior aprovació permet consolidar la supremacia de la monarquia, concebuda com instància suprema productora de dret i garant de la legalitat, sempre en connivència en la societat política de cada regne. En açò consisteix l’anomenat pactisme.


Miniatura d'un protocol notarial de Perpinyà en la que apareix un notari

La intenció de Jaume I no és altra que confeccionar un marc legal de referència únic i exclusiu per a cada regne, capaç d’unificar les diferents tradicions legals i jurídiques, ja que cada component de la Corona, especialment Catalunya i Aragó, tenen cultures jurídiques ben distintes. A la Catalunya Vella, el Liber Iudiciorum, la compilació del dret visigot, té plena vigència com a base legislativa fins la redacció dels Usatges de Barcelona, a mitjan segle XII, mentre que en les zones de més recent incorporació es desenvolupen cossos legals d’aplicació local i comarcal, entre els que destaquen els Costums de Lleida (1228) i els de Tortosa (1272). Per la seua banda, al nord d’Aragó el dret tradicional del país té una clara influència franca, que cristal·litza en la redacció del Fuero de Jaca en 1187, codi que, al seu torn, conviu amb altres cossos legals, propis de la zona de conquesta, com els Fueros de Calatiud (1131), Daroca (1142) i Terol (1177), encara que tenen un pes molt menor en la vida legal del regne que a Catalunya. Sobre aquestes bases es produeix la recepció de l’anomenat ius commune, és a dir, el dret romà i canònic, que no implica el desplaçament dels sistemes jurídics anteriors, sinó que exerceix una progressiva influència sobre ells, desenvolupant-los i completant-los. Vegem avui el cas català.

Altra miniatura dels usatges, feta per Bernat Martorell el 1448

Com he dit, els Usatges de Barcelona son recopilats a mitjan segle XII, en ple mandat del comte Ramon Berenguer IV, per suplir les carències de la llei visigoda, excessivament dura en l’aplicació de les penes i ineficaç front a molts aspectes plantejats per la nova societat. Estan formats per un compendi de diferents preceptes legals, procedents en bona mesura d’un conjunt de disposicions elaborades per Ramon Berenguer I a mitjan segle XI i completades pels seus successors. En la versió original del segle XII, que consta de 138 articles (identificada per Guillem M. de Brocà), s’estableix una regulació bàsica de les relacions feudals, les atribucions polítiques del sobirà i diverses normes sobre dret privat, penal i processal. Es pretén també que el codi tinga una aplicació general, ja que es fonamenta en el costum del país i en els usos de la cúria, a més de ser elaborat per via jurisprudencial en la cort del comte de Barcelona, el primer senyor en la jerarquia de Catalunya. De fet, els Usatges, concebuts com un compendi de dret senyorial consuetudinari dirigit a regular les relacions privades entre senyors i vassalls a través d’unes normes jurídiques establertes, són també un fonament d’articulació del poder reial, orientant la feudalització cap a la consolidació de la monarquia.

A partir d’aquest nucli primigeni, el codi es completa al llarg dels segles XII i XIII mitjançant l’acció legislativa dels reis, fins que a la corts de Barcelona de 1251 es realitza la formulació quasi definitiva dels Usatges. S’introdueixen 31 nous articles que incorporen material consuetudinari propi i, sobretot, els preceptes del dret romà i canònic. A més, Jaume I sanciona la seua vigència general per a tot el Principat i es deroguen el dret visigot, el romà i el canònic, apel·lant als principis substitutius de l’equitat i el sentit comú.

Portada de l’edició de Josep Rovira i Ermengol

En aquest mateix moment, els Usatges es tradueixen al català per a la seua major difusió i es fixa la versió oficial llatina (editada per Josep Rovira i Ermengol el 1933). En els anys posteriors es completa el text originari amb la introducció de nous drets feudals, recopilats en les Commemoracions redactades pel jurista Pere Albert i els Costumes Generals de Cathalunya. Ambdues compilacions estan formades per 43 capítols més altres casos particulars i apareixen sempre juntament amb el text dels Usatges, formant un cos unitari. Tradicionalment, s’ha defès que les Commemoracions i els Costumes foren sancionats de manera oficial a les corts de Montsó de 1470, però sembla que ja foren aprovats en les corts de Perpinyà de 1350-1351.

Portada de l’edició de les Constitucions de Catalunya del segle XVI

Siga en una data o en altra, es conforma un cos unitari, fonamentat en el dret consuetudinari, d’inspiració romanista i d’aplicació general a tot el territori, que posteriorment serà ampliat amb les lleis emanades de les corts, que constitueixen les anomenades Constitucions de Catalunya. S’ha de dir, tanmateix, que els Usatges deuen conviure amb altes cossos locals, basats en el costum, que són recollits per escrit també al segle XIII per mantenir la seua observança i que conserven la seua vigència al llarg dels segles medievals. Així, doncs, a pesar de l’oficialitat dels Usatges, Catalunya coneix una diversitat jurídica que limita l’àmbit d’aplicació del codi promulgat per Jaume I.

Fet el primer tast amb els entrants, seguirem més endavant amb el primer plat, els Fueros d’Aragó.

Una parada en el camí

Frederic Aparisi Romero
Ara ja fa gairebé set anys, el meu amic Daniel Muñoz i jo vam iniciar aquesta aventura iniciàtica en tots els sentits que és el doctorat. Havíem estat junt durant els anys de llicenciatura i ara, l’existència d’un programa de doctorat conjunt entre el departament de història medieval i el de història moderna ens permetia compartir de nou noves experiències. I llavors no hi havia molta gent pels corredors de la facultat: a Moderna només hi era Manuel Lomas i a Medieval, Ivan Martínez, res a veure amb el panorama de fa només dos anys on coincidien cinc i huit becaris-post becaris respectivament, a més dels doctorands, amb Ferran Esquilache, Jordi Puig i tota aquella gent que assistia als cursos de doctorat. I és així com prenguérem part en les diferents activitats que des d’un àmbit o un altre s’organitzaven, això és, els malaurats cursos interuniversitaris de Morella, de bona memòria, el curs d’especialització en història medieval del monestir de Santa Maria de Valldigna, que Deus guarde, o els seminaris monogràfics que anualment organitza el departament d’història moderna. I encara tot un seguit de congressos de diferents àmbits des d’Oporto a Prato, passant pel nostre baptisme de foc a l’Assemblea d’Història de la Ribera, en aquella edició a Antella sobre la conflictivitat al voltant de l’aigua i les riuades històriques. 

Daniel Muñoz durant la seua intervenció
Sens dubte, les trobades científiques i les nits de congrés, perquè no dir-ho, són el vessant més amable de tot aquests anys. Al darrere, però, estan les hores d’arxiu, fent front al fred de l’Arxiu de protocols del Col·legi del Corpus Christi, i a altres coses a l’Arxiu del Regne de València. I el bon treball dóna bon fruit. El passat divendres, Daniel Muñoz va defensar la seua tesi doctoral amb el títol De la botiga de tall a la tienda de modas: sistemas de comercialización y oferta textil estable en la Valencia preindustrial (1675-1805) 

Durant les diverses intervencions, tots els membres del tribunal, que estava composat per Máximo García Fernández, Bartolomé Yun, Emilia Salvador, Ramon Maruri i Mònica Bolufer, insistiren en la necessitat de trencar amb el sistema de models fixes a l’hora d’explicar els processos històrics. En aquest sentit, el treball de Daniel Muñoz havia aconseguit justament això, demostrar com a la ciutat de València s’havia produït la transició del comerç itinerant al comerç de botiga i del consum de draps de fibres animals a fibres vegetals tot i no seguir el model anglosaxó. I és que el desenvolupament d'un nou sistema comercial va contribuir a la transformació de la pròpia societat. També es va destacar un element que ben bé es pot considerar com la marca de la casa, i és la pròxima a la història mitjançant les fonts locals, és a dir, fer història local però no localista sinó ans tot el contrari, inserint els procesos locals en les dinàmiques de canvi internacionals. Així, doncs, el cas de València es situa al nivell de Lisboa, Londres o Anvers, per descomptat, amb les seues particularitats però també participant de les transformacions generals que tenen lloc arreu d'Europa. 
Finalment, el tribunal va atorgar la màxima qualificació, excel·lent cum laude. Es mire com es mire, l'obtenció del títol marca un abans i un desprès en la carrera investigadora. Sembla, per tant, un bon moment per a fer una parada en el camí abans de continuar endavant.
Enhorabona, amic.

Daniel Muñoz rebent les felicitacions del tribunal

Una cronaca aretina

Ivan Martínez Araque
És una estació d'esdeveniments i trobades historiogràfiques, com podem comprovar en els darrers textos que estem publicant. Novament per la Toscana, aquesta volta a la Terra d'Arezzo, em dispose a fer una crònica de la IIIª Scuola di Studi Dottorali dedicada a les Fonti per la storia dell'economia europea (secoli XIV-XVII) i que ha tingut lloc entre el 5-9 de juliol. I he de fer palés que el rigor i el debat científic mai ha d'estar renyit amb un bon ambient de vells i nous coneguts, propiciat per un entorn magnífic com és el centre històric aretí i servit d'una barreja de gustos i olors a pasta, carn i vi. De tot això i d'un munt de bibliografia, de contactes i noves idees, estic ara desfent la maleta.

Panoràmica de la ciutat d'Arezzo
En aquesta ocasió amb el títol de La documentazione per la storia dell'impresa (Europa occidentale, secoli XIV-XVII), la trobada té un format semblant als tallers d'història francesos: tant professors com nous investigadors proposen diversos temes-problemes que sorgeixen en la seua recerca, per a després ampliar-los i discutir-los entre tots els participants, i amb l'exigència de fer la presentació en una llengua diferent de l'emprada en l'exposició (que han estat el francés, l'italià i el castellà). Altrament, un format que ha estat adaptat pel curs d'especialització del monestir de la Valldigna i que s'ha celebrat tot just per aquestes mateixes dates. En fi, la Scuola està organitzada pels professors Franco Franceschi (Università degli Studi di Siena), Mathieu Arnoux (Université Paris VII-Denis Diderot), amb la col·laboració de Jean-François Chauvard (École Française de Rome) i el suport de la Fraternita dei Laici d'Arezzo (de la qual se n'ha ja parlat).

Seu de la Fraternita dei Laici
Enguany, el tema que s'ha proposat és un dels objectes d'estudi que han caracteritzat la història econòmica des de mitjan segle XX, si bé fins fa no massa dècades s'havia vinculat a les grans empreses mercantils i, sobretot, havia estat relacionat amb els grans cognoms de mercaders italians. Però, recentment, s'han incorporat nous conceptes i problemàtiques en incloure-hi unes altres modalitats (les empreses industrials o la família camperola i artesana). Llavors, el problema sorgeix d'entrada amb l'enunciat: ¿podem considerar com a empresa no només un ens o societat en què es distingeix el capital i el treball, sinó també d'altres institucions, com ara la unitat conjugal, que barrejava indestriablement aquests elements, gestionava pròpiament tant les inversions, la destinació dels seus productes com també comptava amb l'aportació de mà d'obra externa (salvant les distàncies, com les petites empreses en l'actualitat, que són les més nombroses)? ¿Fins a quin punt aquesta definició tan general fa que perda eficàcia el concepte (es pot parlar, en cert sentit, de la gestió d'un feu com una empresa)? En canvi, ¿és correcte el terme d'emprenedor tant per a aquells nobles, mercaders, camperols o artesans que van diversificar les seues inversions, que destinaren sumes de capitals en l'abastament o distribució de molts productes, condicionant, introduint innovacions i generant dependències econòmiques en els productors més febles? En suma, ¿quin sentit té parlar “d'empresa” en una societat com la feudal? ¿Quines relacions socials se'n derivaven depenent del seu tipus?¿Com va contribuir a les diferents transformacions socioeconòmiques que es donaren a l'Europa occidental al llarg dels segles baixmedievals i moderns?

Una de les sessions de la Scuola
Al voltant de tot açò han reflexionat en aquestes jornades historiadors veterans (Phillipe Braunstein, de l'École des Hautes Études de París; el mateix Arnoux), autors polèmics (Luca Molà, University of Warwik) i s'han aportat noves perspectives (David Igual o Andrea Caracausi, aquest de la Università Ca` Foscari de Venència), així com investigadors que estem tractant, de forma directa o no, aquestes qüestions en les nostres recerques. Com recordava M. Arnoux, no estem al davant d'unes problemàtiques solament dels medievalistes. Historiadors com Philip Wolf o A. Schiavone (per a l'Antiguitat) qüestionaven en les dècades centrals del segle XX a altres economistes que obviaven tota referència a aquestes empreses internacionals abans de la instauració de la revolució industrial o del capitalisme en els segles XVIII-XIX.
Tot i això, l'empresa com a tal no la trobarem en els clàssics teòrics de l'economia capitalista (David, Ricardo, Smith... tot i que el professor francés se n'oblidà de Marx). En realitat, es tracta d'una “anomalia” dins l'economia de mercat: en un intercanvi (hipotèticament) lliure no té sentit una entitat que tracta de controlar diferents processos econòmics al seu si; hauria de bastar el recurs al mercat -en què l'oferta i la demanda es regulen per elles mateixes-. En aquest sentit, caldrà esperar justament a la segona revolució industrial, en què aquelles empreses van sobreeixir notablament, per a una reflexió entre els historiadors econòmics (el primer que en parlà i va usar el concepte en el sentit que emprem ara va ser Alfred Marshall el 1898), i, sobretot, d'ençà es va treballar dins la història institucional i des d'un punt de vista més aviat jurídic. I a l'igual que l'estat, suposava l'empresa per a aquests estudiosos un element distorsionador de l'economia, tot i que, de forma totalment contradictòria, es volia fer veure, referides a les empreses mercantils dels segles XIV-XVI, un precedent del capitalisme a l'Europa occidental.

¿Veritablement no hi hagué feudalisme a Itàlia? Casa de Petrarca a Arezzo
No sols ensopeguem amb aquestes idees preconcebudes, sinó també amb qüestions de definició i encaix en una economia com la feudal, tal i com ha estat caracteritzada ben a sovint. Gemma Teresa Colestani (Centro Nazionale di Ricerca-Nàpols) ha subratllat la proposta ben interessant de Malanima, que ha traçat una mena de piràmide que va des de les grans empreses internacionals (com els Datini en els segles XIV-XV), aquelles grans empreses d'àmbit regional (com podien ser-ho determinades mines) fins arribar a una base àmplia de l'empresa familiar, siga artesanal o camperola. I ha insistit que cal igualment establir jerarquies internes. Colestani posava un exemple intermedi i ben proper a nosaltres, com foren els cavallers i mercaders catalans i valencians que s'establiren al sud d'Itàlia i les illes de la Mediterrània occidental: sense deslligar-se de l'àmbit de la família pròpiament, es dedicaren entre altres negocis a la compra de matèria primera (el sucre, la seda), a comerciar amb ella i vendre-la, creant-ne societats a tal efecte, van despendre capitals en algunes de les instal·lacions (si bé solament en el seu aspecte del mercat immobiliari, amb trapigs o molins de sucre) i com, de fet, contribuïren a l'establiment de les indústries en aquella banda de la Corona d'Aragó.

Detall de la portalada de Santa Maria della Pieve a Arezzo (segle XIII).
Els treballs segons els mesos de l'any ("Hic est iulius. Hic est augustus...").
Dintre aquest tema de les diferents tipologies, L. Molà ha distingit les empreses empentades per l'estat, sobretot a partir del segle XV a Itàlia i que s'estendran arreu de l'Europa preindustrial, en què els prínceps, els senyors o els governs municipals promouran i implantaran determinades manufactures. Tot això va tindre els seus precedents en les polítiques proteccionistes o premercantilistes que s'encetaren en el període baixmedieval i que estaven marcades com a transfons per l'augment del consum, la producció en massa (en el sector tèxtil, primer els draps de llana i després el vellut) o la cursa per adquirir noves tècniques i atraure capital humà (capacitat, amb contractes signats amb professionals preats; o no especialitat, amb polítiques d'atracció d'immigrants del camp). En definitiva, normalment els historiadors han assenyalat de forma descriptiva i particular moltes d'aquelles iniciatives, però ha mancat un estudi de com es van concretar i de quins efectes tingueren en les societats del moment.

Una altra escena en aquella mateixa església
Totes aquestes qüestions teòriques es troben enllaçades necessàriament per les metodologies que es poden desenvolupar a partir de les fonts disponibles, de les que cal, però, un coneixement exhaustiu de la seua naturalesa, això és, quin aspecte de la realitat abasta -i les seues possibilitats- i amb quines limitacions -per a la investigació- ho fan. David Igual (Universidad de Castilla-La Mancha) assenyalava la idea tractada en la passada Settimana d'història econòmica de Prato: és necessari recórrer a una “polifonia” de les fonts. Enfront de l'enorme documentació contable, privada, conservada de les empreses toscanes -que, en realitat, són una excepció en el conjunt no sols del continent sinó també a Itàlia-, en altres regions han de ser observades els altres tipus de companyies per mitjà d'un altre prisma. De fet, com comentàvem fins i tot després del debat, aquelles fonts presenten també ocultacions i no hem d'oblidar que es tractaven de famílies poderoses.

Comptes de l'obra d'un hostal a València el 1455. Arxiu de Protocols del Patriarca de València, Protocols d’Antoni de les Coves, sign. 21725


Ph. Braunstein va presentar, en la seua ponència, diferents tipus de documentació (dels comptes, de les disposicions de les autoritats i la legislació, sobre documents notarials) per estudiar dos grans sectors amb unes repercussions que anaven molt més enllà de la mateixa activitat econòmica, com resultaren la construcció o la metal·lúrgia des de la plena Edat Mitjana: les grans obres o les grans mines van comptar amb centenars de treballadors, es precisà d'una gran quantitat de inversions (i d'una gestió complexa) o bé van produir un gran impacte sobre l'organització de l'espai ben important.
Pel seu costat, D. Igual ha explicat quines característiques van assolir les fonts del notariat català, amb una gran riquesa en els seus actes que no es troben en altres contrades, i, com recalcava, cada societat va crear el notariat que precisava. Això és, si bé la documentació privada o pròpia de les empreses és ben escassa en els arxius de la Corona d'Aragó, el ben cert és que moltes de les seues activitats passaren davant un notari -cosa que no succeïa de la mateixa manera allà on aquell tipus de documents sovinteja-. Amb l'estudi, doncs, de les compravendes, de les procuracions o nomenaments de representats, la creació de societats, els arbitratges entre les parts, etc., és possible acostar-nos a algunes de les característiques dels mercaders valencians i com van actuar. Amb uns trets, però, llunyans a les grans entitats italianes, aquells comptaren amb una gran disparitat d'inversions i amb uns capitals modestos en cada operació, per evitar riscos. Tanmateix, bo i el recurs freqüent i habitual al notari i el volum que va generar la seua documentació, no cal tampoc oblidar que qui més recursos tenia, més present hi era, i, per tant, de la font es desprén una determinada representació social. Unes limitacions especialment referides pel que fa a la participació d'altres persones i la seua situació dins o davant d'aquestes empreses.


Inventari post mortem d'un difunt, en què el notari va anotant una part dels béns immobles que va trobant.
APPV,
Protocols d’Antoni de les Coves, sign. 21713 (1448)

Una de les intervencions que més interés ha suscitat ha estat, sens dubte, la d'Andrea Caracausi. Tant pel tema principal, al voltant de la utilització de les fonts judicials amb la finalitat de fer una aproximació a l'artesanat, com per tot el munt de qüestions que se'n deriven de l'ús d'aquesta tipologia documental. No solament hem de pensar en la justícia criminal, més cridanera i més sovintejada per l'antropologia històrica, sinó en l'oblidada justícia civil, més àrida si es vol, però que reflecteix problemes quotidians, a voltes anodins, d'àmplies capes socials.
Aquest historiador va posar de relleu que les fonts derivades dels tribunals de les corporacions d'oficis són igualment estranyes en molts països d'Itàlia (novament, l'excepció són les Arti de la Toscana), i sovint solen ser tardanes. Però, en canvi, en altres contrades moltes de les competències de conflictes entre oficis o entre productors-consumidors-intermediaris s'hi troben en els tribunals ordinaris de cada ciutat (o en altres de segona instància). Aquest és un altre exemple que podem estendre a casa nostra. Ara bé, no són fàcilment utilitzables per a la història econòmica, àdhuc es poden realitzar de la mateixa manera estudis quantitatius (que forçosament només han de ser indicatius, com altres tipologies de documents). La informació qualitativa que ve relatada, això sí, difícilment podem trobar-la en altres textos (veure el cas que vaig exposar en un altre post), relativa al món del treball. Amb tot, no hem d'oblidar que tota documentació és parcial, també aquesta. Descomptant que cal un coneixement precís del dret i les seues pràctiques en cada societat, molts plets s'acaben resolent entre les parts (i en algunes ocasions trobem en la documentació notarial aquests acords), que solen reflectir la realitat en negatiu (quan hi ha algun conflicte de per mig), que algunes capes socials no podien sostindre processos extensos...
Demanda davant el justícia de tres-cents sous de València el 1396 per un jornal d'un moliner.
Arxiu del Regne de
València, Justícies de València, Justícia de Tres-cents Sous, sign. 699
A més de compartir totes aquestes reflexions que m'han anat sorgint a partir de la participació en aquesta escola, també m'agradaria assenyalar que l'àmbit català ha estat ben present de manera directa o indirecta, tant per part dels docents com dels recents investigadors. A banda de les exposicions d'Igual o Colestani, i la meua mateixa sobre la tesi doctoral, Ingrid Houssaye (Istituto Universitario Europeo de Florència) va parlar de les relacions de l'empresa Datini amb el Magreb, les quals passaven per mans de mallorquins i valencians; Arnoux posà com a exemple el sucre també al País Valencià; Giovanni L. Pagani tractà els mercaders internacionals genovesos i la seua actuació per la Mediterrània; Agnès Pallini-Martin (EHESS) d'uns mercaders de Lió vinculats amb la península Ibèrica en el segle XVI; Silvana Sciarrotta (Università di Salerno) es va referir amb el desplegament del sector sèric al sud italià en època moderna, amb tants paral·lelismes (també pel tipus de documentació) amb el cas valencià...
Tot plegat mostra que, gràcies a la riquesa i varietat de fonts que poden ser presentades des del nostre àmbit així com el contrast amb altres fonts forànies, els historiadors dels països de l'antiga Corona d'Aragó podem oferir importants aspectes de debat i de contribució sobre tots aquests problemes per a la historia econòmica en la baixa Edat Mitjana i inicis d'època moderna. Cal, però, que els investigadors valencians i no sols, tal i com ha posat de manifest en la nostra pàgina web Antoni Furió, tractem d'anar més enllà del nostre racó particular -necessari, però, per a un aprofundiment en les fonts-, fem un esforç constant d'enllaçar amb altres historiografies d'altres territoris i donem eixida a la comunicació dels coneixements adquirits més enllà de les nostres fronteres per facilitar el seu intercanvi i enriquiment. Es pot oferir, per tant, un model per a altres zones d'estudi i es va donar una situació no tant allunyada pel que fa a les distintes modalitats d'empreses i d'actors econòmics del que ocorria a bona part de la Mediterrània occidental.

Palazzo della Segnoria d'Arezzo

Romeu de Corbera i la Corona d'Aragó

Vicent Royo
Els primers dies de maig de 1420 sarpa rumb a Sardenya la flota que Alfons el Magnànim havia enllestit per sufocar les rebel·lions sardes i combatre les ingerències genoveses a Còrsega. Al regne de València, al darrere de la conformació de l’estol, integrat per una trentena galeres i una quinzena de naus, hi ha una figura que sobresurt de la resta. Es tracta del mestre de Montesa Romeu de Corbera (1409-1453). Almirall de l’armada que Martí l’Humà envià a Sicília el 1410 i regent de l’illa des de 1412 en nom de Ferran d’Antequera, l’adhesió de Romeu de Corbera als projectes de la corona s’accentua amb l’arribada al tron del Magnànim i, en conseqüència, es converteix en el màxim defensor dels interessos del jove monarca en les corts de 1419-1420. El mestre de Montesa és ben conscient que el finançament de la campanya que Alfons el Magnànim pretén dur a terme per mantenir l’hegemonia aragonesa a la Mediterrània Occidental ha d’eixir d’aquesta reunió dels braços del principat de Catalunya i del regne de València, de manera que la seua actuació degué ser decisiva perquè el monarca aconseguira reunir quasi 100.000 florins a través dels donatius i els préstecs negociats amb els estaments catalans i valencians.

Sardenya, amb l'escut del rei d'Aragó a sobre, en la carta portolana de Gabriel Vallseca (1439)

L’aportació monetària de la societat política d’ambdós territoris, no obstant això, no fou suficient per sufragar les despeses militars, ja que bona part dels diners es destinaren a la contractació i l’armament de galeres. Calia, a més, reunir un exèrcit capaç de garantir l’èxit de la campanya, així que Alfons el Magnànim, a banda de les tropes que pogué contractar a canvi d’un salari, hagué de confiar en la participació de nobles, cavallers, donzells i ciutadans disposats a armar una galera, formar una host i posar-se al seu servei a sa despesa, és a dir, assumint totes les despeses del viatge. I ací comptà des d’un principi amb el suport logístic, econòmic i militar del mestre de Montesa.

Coneixedor dels intersticis propis de la preparació d’una campanya militar d’aquesta envergadura arran de les seues experiències anteriors, al llarg de 1419 Romeu de Corbera posa en marxa tots els mecanismes que estan al seu abast per finançar l’armament de la galea la qual nós havem deliberat e publicat solemnialment en la ciutat de València armar contra los enemichs de la santa fe cathòlica e a acompanyar lo senyor rey vers les parts de Sicília. I, com no podia ser d’altra manera, el pes recau directament sobre les esquenes dels seus vassalls, especialment de les universitats del Maestrat, a través del segrest íntegre de les rendes corresponents a eixe any i, sobretot, del carregament de censals. Amb tot, entre 1419 i els primers mesos de 1420 Romeu de Corbera aconsegueix reunir almenys 115.000 sous per muntar la dita galea e navegar ab la guia e ajuda de Nostre Salvador Jesucrist, una xifra vertaderament estratosfèrica si atenem a les possibilitats econòmiques de les universitats que componen el Maestrat. En efecte, les demandes monetàries del mestre superen amb escreix els pressupostos anuals de les comunitats rurals i, a més, els oficials senyorials comencen a reclutar vassalls de manera forçosa per armar les galeres. Producte d’aquesta situació, l’ambient s’enrareix i els veïns del Maestrat no triguen gens a posar de manifest la seua disconformitat amb els projectes del seu senyor.


Cavallers de l'orde de Montesa

D’una banda, a finals del mes de gener de 1420 el mateix Romeu de Corbera ha de calmar els ànims i ha d’adreçar-se als seus oficials perquè no puguen prendre a cap altre veí dels llocs d’Albocàsser i Ares per dur-los a galeres, com alcuns joves e altres treballants en lurs lavors de cavar, laurar e procurar lurs bestiars se lunyen del dit loch e de son terme e tiren a la montanya per dubte que han no sien presos per alcuns officials de nostre Maestrat o de les nostres galea e galeota que armam per acompanyar lo dit senyor rey en lo reyalme de Sicília. De l’altra, davant de les excessives demandes monetàries del mestre, els prohoms dels pobles se n’adonen de la més que possible fallida financera de les economies municipals si fan front a tots els donatius sol·licitats per la senyoria i decideixen aturar diversos plets per estalviar-se les despeses que originen. En conseqüència, el 9 de maig de 1420, justament dos dies abans de marxar cap a Sicília, des de Vinaròs Romeu de Corbera escriu a los justícies, jurats e universitats de la terra appel·lada del cambi, és a dir, a les universitats de Paníscola, de Benicarló, de Vinaraloç, les Coves, Albocàsser, Salzadella, Villanova, Tírig, Ares, Alcalà, la moreria de Xivert, Polpiç, e a tots e qualsevol lochs e universitats de nostres Maestrat qui hagen libertat e ús de pasturar e amprar los térmens de la ciutat de Tortosa, de Ulldecona, de la Cénia, del Canar e altres térmens de viles e lochs tro al coll de Balaguer, perquè no aturen el plet instat davant la Cancelleria reial per defensar la seua llibertat de pastures al terme general de la ciutat de Tortosa. Amb un to certament intimidador, Corbera justifica la seua pressió pel doble compromís signat per les universitats per dur endavant el plet, els amenaça amb la imposició de penes de 500 florins en cas d’abandonar la via legal i, sobretot, apel·la a la defensa de les llibertats i les franqueses aconseguides per nostres predecessors, participants e ajudants en les conquestes de aquest regne [de València] e altres, batallants contra los enemichs de la fe e ab altres innumerables servis e despeses que han fet per la Corona d’Aragó.


Ares del Maestrat

Certament, és difícil veure més enllà del grau de formulisme que sovint transmeten els documents, però, en aquest cas, els escrits redactats per Antoni Llopis, escrivà de Montesa, a instància de Romeu de Corbera, permeten copsar el caràcter d’un personatge amb una forta personalitat. Conscient del seu rang i la seua posició social, al llarg de 1419 el mestre de Montesa esmerça 16.500 sous per conformar el dot dels seus nebots Pere Ramon de Vilanova, fill d’Asbert de Vilanova i la seua germana Margarida, i Maria, filla del cavaller de Barcelona Bartomeu Sespujades i la seua germana Maria, per la gran consanguinitat que havets ab nós, per vostra fama de gran honestat, discreció e prudència pertanyents a vera gentilesa i, sobretot, per reverència principalment de Nostre Salvador Ihesu Christ e per conseguir mèrits a nostra ànima e a les ànimes de tots nostres predecessors e comanadors e frares de la dita nostra religió, passats, presents e successors. Així mateix, coneixedor dels perills que comporta la seua participació en la guerra, un dia abans de partir cap a Sicília assigna 200 sous a dos preveres del convent de Montesa perquè canten un nombre determinat de misses a les capelles que Berenguer Marc, el seu predecessor, manà construir a l’església del dit convent sota les advocacions de Sant Marc i la Santa Vera Creu per ànima del dit nostre predecessor e nostra, e de tots los frares e benefactors de nostre orde. Per últim, a punt de marxar a guerrejar per l’honor i la glòria de la Corona d’Aragó, no concep com els seus vassalls poden renunciar a la defensa de les seues llibertats, les quals són stades obtengudes dels senyors reys en aumentació de vosaltres e per sosteniment de les dites libertats los dits nostres predecessors e nós, seguints les vestígies de aquells, han e havem continuat e continuam los dits servis e despeses.

Som, doncs, al davant d’un personatge que és conscient del seu estatus social i les obligacions morals que això comporta. De la mateixa manera, som al davant d’un personatge amb una capacitat inqüestionable per gestionar i administrar la major empresa senyorial del regne en uns moments de dificultats econòmics angoixoses. Per últim, som al davant d’un personatge plenament identificat amb els projectes d’Alfons el Magnànim, amb els projectes de la Corona o, millor dit, amb els projectes d’un Estat, la Corona d’Aragó, una entitat política que, segons Romeu de Corbera, té una trajectòria històrica forjada a partir de l’expansió contra els enemics de la fe catòlica, que se sustenta gràcies al paper director de la monarquia i que ha de projectar la seua preeminència cap a la Mediterrània Occidental seguint les línies tradicionals de la política internacional dels predecessors del Magnànim. En definitiva, Romeu de Corbera fou un home d’estat, un home del seu temps.